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Hernán  Cortés

Llegó el momento de los conquistadores y como no podía ser de otra manera toca hablar de uno de los más famosos, nos referimos a Hernán Cortés. Considerado un héroe nacional a un lado del charco y un sangriento genocida en el otro. Aunque tiene una historia apasionante esta vez nos vamos a centrar en un episodio que tenía que ser su derrota definitiva tras una huida desesperada y que en cambio se convirtió en una victoria que permitió con el tiempo conquistar Tenochtitlán.

Nos ponemos en antecedentes aunque de forma muy resumida (sinceramente se merecen una entrada para ellos solos), Cortés se tuvo que ausentar de Tenochtitlán debido a la llegada de Pánfilo de Narváez con las órdenes de detenerlo puesto que había sido acusado de rebeldía. Durante su ausencia tomó el mando Pedro de Alvarado que ante el temor de ser ajusticiados por el pueblo mexica organizó la denominada “Matanza del Templo Mayor”, aprovechando que la flor y la nata de la sociedad mexica se encontraba celebrando una fiesta religiosa y por lo tanto se encontraban desarmados, ordenó la matanza indiscriminada de los asistentes.

Dieron un tajo al que estaba tañendo el tambor, le cortaron ambos brazos y luego lo decapitaron, lejos fue a caer su cabeza cercenada, otros comenzaron a matar con lanzas y espadas; corría la sangre como el agua cuando llueve, y todo el patio estaba sembrado de cabezas, brazos, tripas y cuerpos de hombres muertos

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La Noche Triste

Este suceso hizo que cuando Cortés volvió a la ciudad se encontrara a los españoles y sus aliados cercados por miles de mexicas con sed de venganza. Tras varios días asediados la noche del 30 de junio al 1 de julio deciden huir de la ciudad aprovechando la oscuridad, por supuesto cargados de todo el oro posible. Para su desgracia son divisados y rápidamente atacados en su frenética huida, gran parte de los españoles llenos de avaricia prefirieron dejar las armas para así poder cargar con más oro y joyas por lo que los que no eran abatidos por las flechas y lanzas se hundían por el peso del oro en alguno de los canales que cruzaban.

Desde que supimos el concierto que Cortés había hecho de la manera que habíamos de salir e ir aquella noche a los puentes, y como hacía algo oscuro y había niebla y lloviznaba, antes de medianoche se comenzó a traer el puente y caminar el fardaje y los caballos y la yegua y los tlascaltecas cargados con el oro; y de presto se puso el puente, y pasó Cortés y los demás que consigo traía primero, y muchos de a caballo. Estando en esto suenan las voces y cornetas y gritas y silbidos de los mejicanos, y decían en su lengua a los de Tatelulco: ¡Salid presto con vuestras canoas, que se van los teúles, y tajadles que no quede ninguno con vida! Cuando no me cato, vimos tantos escuadrones de guerreros sobre nosotros, y toda la laguna cuajada de canoas, que no nos podíamos valer. Muchos de nuestros soldados ya habían pasado, y estando de esta manera cargan tanta multitud de mejicanos a quitar el puente y a herir y matar en los nuestros, que no se daban a manos. Como la desdicha es mala en tales tiempos, ocurre un mal sobre otro; como llovía, resbalaron dos caballos y caen en la laguna. Cuando aquello vimos yo y otros de los de Cortés nos pusimos en salvo de esa parte del puente, y cargaron tanto guerrero, que por bien que peleábamos no se pudo más aprovechar de ella. De manera que aquel paso y abertura de aguade presto se llenó a caballos muertos y de indios e indias y naborías y fardaje y petacas.

Aquella noche pasó a la historia como “La Noche Triste”, los supervivientes tomaron camino de Tlaxcala pero unos pocos días después, el 8 de julio de 1520 un gran ejército de guerreros mexicas compuesto por tepanecas,  tenochcas y xochimilcos (la triple alianza) les cortó el paso en los Llanos de Otompan, en Otumba.

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Batalla de Otumba

Cortés contaba apenas con 500 soldados y 4.000 tlaxcaltecas además de 16 caballos, en cambio los mexicas contaban con alrededor de 40.000 hombres (aquí las cantidades varían muchísimo, desde 40.000 hasta 200.000) comandados por el Ciuacoatl (sumo sacerdote). A pesar del gran número, hay que pensar que los mexicas no luchaban para matar sino parar herir a sus enemigos, para así más tarde sacrificarlos a sus dioses.

Amigos, llegó el momento de vencer o morir. Castellanos, fuera toda debilidad, fijad vuestra confianza en Dios Todopoderoso y avanzad hacia el enemigo como valientes.

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Ciuacoatl junto a dos guerreros

Rápidamente los españoles y sus aliados son rodeados y responden defendiéndose con sus ballestas y arcabuces. Al grito de “¡Santiago Cierra España!” los 16 jinetes con el resto de soldados a sus espaldas salieron al encuentro de los mexicas convirtiendo la batalla en un cuerpo a cuerpo. Como decíamos anteriormente (y con miedo a parecer repetitivo pero es que es un detalle muy a tener en cuenta), los mexicas buscaban herir no matar por lo que sus armas se estrellaban una y otra vez contra las armaduras sin apenas efecto, todo lo contrario que las armas europeas.

Los españoles se reagruparon aguantando las continuas embestidas y en diversas ocasiones rompieron las líneas enemigas proporcionando un gran número de bajas. Pero el número de los bravos guerrero mexicas parecía infinito, era cuestión de tiempo que los españoles y sus aliados cayeran…

Para no perder la costumbre, Cortés tuvo su enésimo golpe de suerte, Juan de Alvarado divisó al Ciuacoatl encima de un palanquín desde donde daba órdenes a sus guerreros, vestía un traje negro de pies a cabeza, con enormes garras en pies y manos y con un yelmo con forma de serpiente. Se presentaba ante él quizás su única oportunidad, según los tlaxcaltecas el conservar o perder el estandarte real decidía sus victorias o las de sus enemigos.

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Captura del estandarte

Junto a sus capitanes partió a lomos de su caballo aprovechando el temor que provocaban estos animales entre los mexicas. Favorecidos por el retiro de los guerreros enemigos al paso de los caballos no tardaron en alcanzar al Ciuacoatl, Cortés le alcanzó con su lanza derribándole y Juan de Salamanca le remató una vez en el suelo apropiándose y agitando el estandarte consiguiendo de esta manera que los embravecidos guerreros dieran la batalla por perdida y huyeran en desbandada.

Todos dimos muchas gracias a Dios que escapamos de tan gran multitud de gente, porque no se había visto ni hallado en todas las Indias, en batalla que se haya dado tan gran número de guerreros juntos, porque allí estaba la flor de México y de Tezcuco y todos los pueblos que están alrededor de la laguna, y otros muchos sus comarcanos, y los de Otumba, Tepetezcuco y Saltocán, ya con pensamiento de que aquella vez no quedara roso ni velloso de nosotros.

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Túmulo conmemorativo de la batalla

Entre las bajas españolas se cuentan unos 1.000 muertos entre españoles y tlaxcaltecas mientras que entre las tropas de la triple alianza se habla de unos 10.000 muertos. Los españoles pasaron la noche en un templo cercano para a la mañana siguiente partir de nuevo hacia Tlaxcala donde relamer sus heridas y preparar su venganza y conquista de Tenochtitlán.

 

 

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