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El quedarse embarazada en la edad media era una sensación agridulce sin ningún tipo de dudas, por una parte existía la felicidad de traer una nueva vida al mundo pero por otra el alto índice de mortandad en el parto o de aborto hacía que aparecieran los peores temores.

El primer paso era saber si una mujer estaba encinta por lo que existían diversos métodos. El más conocido era colocar un diente de ajo debajo de la almohada, si a la mañana siguiente sentía el sabor del ajo en la boca significaba que no lo estaba, en cambio si no sentía nada es que lo estaba. Otra prueba consistía en el color de la orina, si estaba más rojiza era señal de embarazo, incluso si los ojos se oscurecían era considerado como una señal. Como os podéis imaginar todas estas pruebas no tenían ninguna rigurosidad científica por lo que sólo el tiempo confirmaba al 100% el embarazo.

En ocasiones las mujeres no podían quedarse embarazadas por lo que se recurría a pócimas caseras o a medidas como quedarse tumbada después de realizar el acto sexual durante un tiempo determinado. También se creía que si la criatura había sido engendrada durante la época de la menstruación sus posibilidades de sufrir alguna enfermedad tipo viruela o lepra aumentaban considerablemente.

articleImageThumbnailUna vez la mujer quedaba encinta se tomaban medidas para evitar el aborto. Realizar poco el coito, evitar golpes o hervir en aceite hierbabuena, espinacardo, almáciga e incienso para aplicarlo sobre el estómago eran algunas de dichas medidas.

Otra gran preocupación era saber el sexo del bebé, como todos sabéis la mujer en esa época estaba totalmente discriminada y se consideraba una gran desilusión si nacía de ese sexo. Es más, esta creencia se extendía al tiempo de embarazo. Se tenía la certeza que si la mujer estaba embarazada de un varón el embarazo era más llevadero, estaba más alegre, tenía más apetito e incluso paría antes entre otras cosas, en cambio si era una niña el embarazo se hacía más molesto.

Nos encontramos en una sociedad donde la desigualdad entre clases era muy patente y no podía faltar en este punto. Mientras que la campesina en muchas ocasiones paría en mitad del campo mientras trabajaba, la clase alta disponía de diversos lujos. La habitación donde se debía dar a luz se decoraba con imágenes de la Virgen junto al niño Jesús a modo de protección para la parturienta y el bebé. Se colocaba una cama grande con cofres que contenían la ropa del recién nacido y paños y telas en las paredes. Se les preparaba un baño con malvas, manzanilla y otras hierbas, se les untaba aceite de ajonjolí, óleo de almendras dulces y grasa de gallina.

parto_sillaLlegaba el momento clave: el parto. Se estima que la muerte del bebé ascendía hasta el 50 % de los partos y que incluso el fallecimiento por dar a luz se había convertido en algo natural. El alto índice de mortandad entre los recién nacidos hacía que si sobrevivían algunas mujeres parieran hasta 10 veces aunque según la media se tenían 4 hijos por familia.

La iglesia se encontraba de manera omnipresente en todos los ámbitos de la sociedad y este no era una excepción.Se decía que durante el parto las puertas del infierno estaban abiertas tanto para la madre como para el bebé por lo que ninguno de los dos se encontraban bajo la protección de la iglesia a ojos de Dios. Al bebé se realizaba un bautismo de emergencia puesto que si no se le hacía en caso de muerte sería enterrado en el exterior del cementerio.

La parturienta era asistida por dos mujeres, la comadrona o partera y una asistenta. Las comadronas tenían un perfil específico, mujer de entre 45 y 50 años, de vida alegre, buenas costumbres y preferiblemente madres. Por supuesto debía de ser de fe cristiana, disponía de una bula del obispo para poder bautizar al bebé y no morir en pecado. Salvo excepciones entre la clase alta los hombres tenían terminantemente prohibido estar en la sala en el momento de dar a luz, se conoce el caso de un médico que disfrazado de mujer se coló en un parto… fue descubierto y condenado a morir en la hoguera.

En caso de complicaciones se solía practicar la cesárea, muy peligrosa en esa época y donde el índice de mortandad se disparaba. Cuenta la leyenda que Julio César recibió ese nombre puesto que nació gracias a esa práctica.

childbirth.originalUna vez nacía el bebé sano, se expulsaba la placenta y se lo cortaba el cordón umbilical. Mientras se trataba a la madre, la comadrona bañaba al recién nacido con pétalos de rosa y miel. Acto seguido era mostrado a los testigos para que certificaran su sexo y estado de salud. El bebé era envuelto en un lienzo bien apretado para que sus miembros no se deformaran y con una bola de plomo en el ombligo.

 

 

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