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A día de hoy suena irrisorio que un país de tan sólo 45 millones de habitantes conquiste a otro de 1.300 millones de personas, pero en pleno s.XVI no sólo se creía sino que se pensaba que era posible utilizando un número insignificante de tropas…

Galeón de Manila

Galeón de Manila

Nos encontramos en la segunda mitad del siglo XVI, España era un imperio donde el sol nunca se ponía debido a su gran extensión. En 1521 Fernando de Magallanes tomó posesión de Filipinas para España, lo que años más tarde sirvió para establecer una ruta con América a través del “Galeón de Manila” introduciendo alimentos como el maíz, el tomate o la patata. Sin embargo era Portugal quién dominaba el comercio en la zona gracias a sus plazas de Goa, Malaca, Islas Molucas, Macao y Nagasaki, además de enviar embajadores a diferentes paises.

En 1572 la Corte le ordenó al Virrey de Nueva España que enviara una expedición para recabar información sobre China. El capitán Juan de la Isla fue el encargado de cartografiar la costa china y permitir el comercio de algunos barcos chinos con Filipinas, pero la muerte de éste y la falta de recursos hizo que se guardara en un cajón durante un tiempo este proyecto.

Comerciantes en el s.XVI

Comerciantes en el s.XVI

Dos años más tarde, en 1574 se intentó abrir una vía diplomática para abrir el comercio entre China y Filipinas pero la huida del pirata Ling Feng cuando iba a ser entregado a las fuerzas chinas por parte de las españolas y la muerte del gobernador Guido de Lavezares mandaron al traste las negociaciones.

En 1576 el nuevo gobernador de Filipinas, Francisco de Sande envió una carta en la que pedía un contingente de 5.000 hombres desde Perú y Nueva España para invadir el país y cristianizarlo ya que creía que la población autóctona era incapaz de organizar una defensa eficaz, pero de nuevo el proyecto se pospuso hasta tener una mejor y más extensa información sobre China.

Felipe II

Felipe II

La llegada al trono portugués en 1580 por parte de Felipe II hizo que volviera a surgir la idea utilizando la plaza de Macao, esta plaza ya había servido para la llegada de religiosos cristianos a China aunque también para la venta de armas europeas al país asiático. El jesuita Alonso Sánchez retenido en su momento por tropas chinas abasteció de información a Gonzalo Ronquillo, sucesor de Francisco de Sande, cifrando en 15.000 los soldados necesarios para tal empresa. A estos soldados hispano-lusos había que sumárseles 6.000 soldados filipinos y otros tantos japoneses que habían sido ofrecidos por el gran enemigo histórico de China.

Como ocurrió en los intentos anteriores, nunca llegó a llevarse a cabo por dos razones, se impusieron los intereses comerciales portugueses y la sonada derrota de la Armada Invencible hizo que resultara inviable.

A pesar de todo, en los años siguientes se intensificó el comercio entre ambos paises consiguiendo que productos como la seda, el ámbar o alfombras llegaran a Manila, como no podía ser de otra manera, la influencia china también aumentó en la sociedad filipina.

Durante el reinado de Felipe III volvió a surgir la idea pero no pasó de una vaga propuesta, convirtiéndose en una mera anécdota con el paso de los siglos.

 

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