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Drakkar vikingo

Drakkar vikingo

Los vikingos tienen fama de ser un pueblo de despiadados saqueadores y asesinos que sembraban el terror por las costas de Europa, como en efecto fue, pero también gracias al drakkar (el típico barco vikingo) eran capaces de navegar por los ríos y adentrarse tierra adentro. A principios del siglo IX y beneficiándose de las luchas internas entre los herederos de Ludovico Pio, aprovecharon para navegar río adentro entre los muchos ríos navegables de la actual Francia.

Ragnar Lodbrok

Ragnar Lodbrok

Una de esas incursiones a través del río Sena, estaba formada por 120 naves y unos 5.000 hombres comandados por un tal Ragnar Lodbrok (¿de qué me sonara a mi este nombre?) atacando y saqueando un 28 de marzo del año 845 la ciudad de París, el rey Carlos II apodado el Calvo tuvo que pagarles un danegeld (tributo) de cerca de seis toneladas de plata y lingotes de oro para que no arrasaran la ciudad y se retiraran.

Durante los años siguientes, fue saqueada dos veces hasta que encontraron una fórmula para evitarlo, construir fuertes y fortificar los puentes en los ríos más importantes. Los vikingos decidieron atacar otros lugares más endebles como Inglaterra.

Plano de París en el s.IX

Plano de París en el s.IX

Hasta el año 885 que retoman los ataques a las ciudades bañadas por el Sena, el 24 de noviembre llegan a París con una flota de unos 600 barcos con Siegfried y Rollo al mando, la táctica de las fortificaciones hacía que si querían seguir por el río tierra adentro primero tenían que tomar París. La población en su gran mayoria vivía en la Île de la Cité, una isla que estaba unida por dos puentes con las orillas del río. El primer ataque se centró en la torre de defensa, con grandes esfuerzos fue rechazado y a pesar de los desperfectos por la noche fue reconstruida. Al día siguiente intentaron perforar los cimientos pero fueron de nuevo rechazados por los defensores, lanzándoles piedras y una mezcla de aceite, cera y pescado.

Viendo que iba para largo los vikingos decidieron prepararse para un asedio, construyendo fortificaciones y nuevas armas como arietes, torres o catapultas. Temiendo que los habitantes de París recibieran ayuda de los francos decidieron quemar tres navíos y lanzarlos sobre los puentes llenos de combustibles, así quedarían aislados pero chocaron contra los pilares de piedra por lo que fue un fracaso.

El conde Eudes defiende París contra los vikingos

El conde Eudes defiende París contra los vikingos

Decidieron probar suerte con las torres, obligando a los defensores a salir de las fortificaciones y tomar dos de las tres torres de asedio pero sufrieron una brecha y tuvo que salir el propio conde Eudes (futuro rey de Francia Occidental) a cerrarla. Más adelante la peste hizo estragos entre la población, unido a que las ayudas de los francos habían sido aniquiladas y que los vikingos habían tomado una de las torres debido a la crecida del río que había destruido uno de los puentes, hizo que en octubre del 886 el rey Carlos III el Gordo se decidiera a pagarles un danegeld y dejarles pasar hacía Borgogna.

En la primavera del 887 y tras saquear Borgogna, los vikingos volvieron a pasar por París, cobrando el danegeld de 700 libras de plata acordado anteriormente, pero las reparaciones de los puentes y las nuevas fortificaciones hicieron que los parisinos les plantaran cara con osadía, repelieron todos los ataques e hicieron que exasperados Sigfried y Rollo tuvieran que desembarcar en Marne y cruzar por tierra cargando sus naves hasta superar la Île de la Cité, eso si, cargadas de la plata de los saqueos en territorio franco.

Principalmente conocemos estos hechos gracias a Abbo de Saint Germain des Prés, un monje benedictino que fue testigo directo del asedio de los años 885-886 y que tiempo más tarde escribió el poema “De bellis Parisiacae urbis” relatando el asedio.

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