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Napoleón Bonaparte

Napoleón Bonaparte

En 1806, Napoleón promulgó el Decreto de Berlín, que consistía en un bloqueo continental sobre Gran Bretaña, prohibiendo cualquier tipo de relación comercial para así debilitarla económicamente ya que no podía militarmente. Rusia sufría en particular porque veía perder sus relaciones con sus socios del Báltico y del Mar del Norte (aliados británicos) por lo que en 1812 el zar Alejandro I decide abrir de nuevo el comercio con Gran Bretaña, como os podéis imaginar, esto no sentó nada bien a Napoleón que decidió invadir Rusia formando el mayor ejército conocido hasta ese momento.

El 23 de junio de ese mismo año La Grande Armée, formada por 691.000 hombres, incluidos 4.800 españoles (en este sentido os recomiendo leer La sombra del águila de Arturo Pérez Reverte), cruzan el río Niemen y se adentran en terreno ruso. Apenas encuentran resistencia alguna por parte del ejército ruso liderado por el comandante en jefe Barclay de Tolly, que se dedica a retroceder y practicar la política de tierra quemada, destruyendo todas las existencias de alimentos posibles, víveres, forraje para los animales,…obligando a los franceses a arrancar la paja podrida de las cabañas pero los caballos se mueren, hay escasez de alimentos, disentería,…y como no, empiezan las primeras deserciones.

Al cabo de unas semanas y varios simulacros de batallas, los dos ejércitos se encuentran en Smolensk pero por parte rusa sólo participan 20.000 soldados por lo que la ciudad cae en apenas dos días.

La negativa a enfrentarse de Barclay con la Grande Armée hace que el 20 de agosto sea relegado de su cargo y sustituido por Mijail Kutúzov, un militar veterano muy popular a pesar de su afición por la bebida y las mujeres o su derrota en la batalla de Austerlitz.

Tan sólo unas semanas después estableció una posición defensiva en Borodinó, a unos 120 km. de Moscú, aprovechando que era una terreno irregular y boscoso. Tras una serie de combates en Shevardinó, donde la vanguardia rusa detuvo al ejército francés y de este modo dió tiempo a las fuerzas principales para hacer las fortificaciones y baterías en el campo de Borodinó, dió comienzo el 7 de septiembre la batalla crucial y más sangrienta de la historia, también conocida como Batalla del río Moskova.

De todas las batallas que había dado, la de Moscú fue la más terrible” escribió Napoleón más tarde, se saldó con victoria francesa pero su alto número de bajas (alrededor de 45.000 franceses y 58.000 rusos, varía según las fuentes) y la retirada de Kutúzov hicieron que no fuera un éxito decisivo. Napoleón tenía vía libre para entrar en Moscú.

Después de atravesar un gran bosque por fin divisamos Moscú, en esos momentos uno se olvida de todo, de los peligros, de la fatiga, de los camaradas caídos, ahora sólo importa una cosa, el placer de entrar en la ciudad prometida” – Sargento Bourgogne

El 14 de septiembre las tropas imperiales entran en Moscú, pero inesperadamente se encuentran una ciudad desértica, sólo quedan enfermos, heridos y la poca gente que no tuvo tiempo o medios de huir (unas 10.000 personas de las 260.000 que la habitaban). Por orden del gobernador de la ciudad, Fiódor Rostopchín, se liberó a los convictos y se les dió orden de quemar la ciudad a cambio de la libertad. Esa misma noche empezaron los incendios en una ciudad principalmente construida sobre madera lo que impedía al ejército ruso refugiarse en la ciudad. Napoleón envía tres embajadas de paz a San Petersburgo, donde se encuentra el zar Alejandro I, pero nunca llega a recibir respuesta.

El general Caulaincourt y las primeras nevadas hacen a Napoleón desistir de seguir en la ciudad y el 19 de octubre la abandonan, sus tropas no estaban preparadas para el terrible invierno ruso puesto que los planes eran derrotar al zar en tan sólo dos meses. De las más de 600.000 soldados que empezaron la campaña sólo poco más de 100.000 toman el camino de retorno, Kutúzov no desaprovecharía la ocasión.

En la batalla de Maloyaroslavets Kutúzov obliga a Napoleón a tener que tomar la carretera de Smolensk, teniendo que cruzar el campo de batalla de Borodinó que no tuvieron tiempo de limpiar y que las lluvias dejaron al descubierto los cadáveres.

Nos preguntamos para que sirvió esta victoria,esta batalla ya célebre por su número de victimas” – Sargento Bourgogne

Retirada de Moscú

Retirada de Moscú

Temperaturas de -20 ºC , la falta de víveres, las enfermedades y el acoso de los cosacos sobre su retaguardia hacen que la Grande Armée se vea considerablemente diezmada.

Nuestros labios se pegaban, el interior de la nariz, o más el cerebro se helaba; parecía que caminábamos en medio de una atmósfera de hielo. La nieve, durante todo el día, y con un viento extraordinario, caía en copos, grandes como nadie los había visto jamás” – Sargento Bourgogne

En Smolensk sufrieron otro duro revés, Napoleón confiaba en poder pasar allí el temible invierno pero las guarniciones allí ubicadas para asegurar la plaza no habían tenido más remedio que empezar a gastar los víveres que tenían en la reserva por lo que no tuvieron otra opción que seguir con la marcha, cabe recordar que a parte de los soldados también había un gran número de civiles: herreros, carpinteros, familiares,…

No tenían comida, y estaban reducidos a comerse unos a otros. Literalmente, cuando uno de ellos moría, era cortado y dividido entre ellos, y luego comido” – Sargento Bourgogne

El 29 de noviembre llegan al río Berézina, último gran obstáculo para salir de Rusia, pero tienen un problema, el puente ha sido destruido por los rusos y la capa de hielo es demasiado fina para cruzarla, deberán construir otro. En este punto, los pontoneros se convierten en auténticos héroes sumergiéndose en el río con el agua hasta el cuello construyendo los puentes a contrarreloj muriendo muchos de ellos congelados, ahogados o llevados por la corriente. Levantan dos puentes, pero se encuentran rodeados por el ejército ruso que les ataca una y otra vez. Tienen un gran número de bajas pero consiguen repudiar los ataques y cruzar el río.

Sólo 58.000 hombres sobrevivieron a la campaña rusa, algo más del 20% del total que la empezaron.

Al fin llegamos a Kowno y oíamos todavía, por intervalos, algunos cañonazos que parecían anunciar el último suspiro de nuestro ejército” – Sargento Bourgogne

Sargento Bourgogne

Sargento Bourgogne

Existen varias crónicas de soldados sobre esta invasión, incluso algunas hechas por soldados españoles, pero la más completa es la del sargento de la guardia imperial Adrien Jean-Baptiste François Bourgogne (1785-1867), participó además de ésta en campañas en España, Prúsia o Portugal.

Tal vez un día, ¿quién sabe? Mis relatos, aunque mal escritos, interesarán a quienes los leerán (…) El gran genio ya no es más, ¡pero su nombre existirá siempre!

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